Aidou Poiesis

Pensaba que era la cumbre del sueño.

Lo llevé hasta las puertas del Santo de los santos. El lugar más sagrado que existe.

Lo invité a cruzar la puerta conmigo, de mi mano.

Entonces, él se negó. Y yo no podía creerlo.

Sus palabras fueron como la daga que atraviesa el cuerpo. Podía ver cómo su forma se deshacía ante mis ojos mientras sólo sentía el dolor por su desdén.

No era lo que yo pensaba. Ya nada lo era.

 

Tristeza. La tristeza ha conducido al mundo a su destrucción.

Todo retorna a ser nada. Cayendo y cayendo…

 

El se alejó mientras yo caía. ¿No escuchabas cuánto te llamaba?

Aspiraba el silencio en la habitación mientras los escombros rodeaban la oscuridad.

Todo empezaba a girar, y era inevitable.

 

En las afueras, el ejército de ocupación iba subiendo uno a uno las puertas del Santuario, destruyendo todo a su paso. No importaba que la Tierra tiemble, no importaba el dolor ni la fragilidad, la oscuridad se abría camino hacia el último recinto.

Abddón ha debido de mirarme con ironía… ¿Ya te cansaste, humano?

No había más salidas. El Santuario ocupado. La herida. El mundo había muerto.

 

Ahora puedo terminar contigo…

 

- ¿Estás seguro que ya no queda nada?

 

¿Qué quedaba?. Frente a la oscuridad, cuando ya nada tenía importancia… Nada, ni nadie, excepto…

Yo.

 

Nadie se queda destruido por quien no lo supo valorar. Cuando sabes que ya no existe nadie más por quien luchar, luchas por ti mismo.

 

Derruido en escombros, se había sumido en extraña oscuridad. Pero en aquel fondo remoto pervivía la luz.

Allí, donde nadie ha llegado, la herida no traspasó. Ni siquiera la misma lanza de Longinos pudo dañarla. La luz más pura que existe en el universo. El sueño que conmueve la eternidad.

Ése respiro que impulsa la vida.

 

Esta imagen. Este aire. La sangre que corre por mis venas.

 

El guerrero se levantó y la oscuridad temió al verle. Pues Dios había venido en ayuda de él.

Y paso a paso, resplandeció su energía. La habitación empezó a iluminarse y las huestes de neblina retrocedieron ante esa luz.

 

¡Tú no vas a vencer, Abdón!

 

El sueño perdura en el corazón. No en la fantasía.

Abdón desapareció en medio de un grito espantoso y la oscuridad con él. Se fueron lejos del Santuario.

 

Pero había que reconstruir todo.

Entonces me quedé concentrando esa aura otra vez. Y lentamente, cada una de las cosas fue retomando su lugar. Apartado, pero constante, desde el último recinto hasta el primero, el Santuario se reconstruyó desde adentro.

 

Deucalión miró de nuevo cómo el mar se abría ante sus ojos. Las nubes se apartaron y sólo quedaba él. De pie, junto a la playa…

 

Como había empezado todo una vez.

 

Y es aquí donde comienza la historia.

 

 

 

 

Aidou Poiesis.

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