Estremecido…

ESE DÍA fui a una entrevista de call center.
Iba un poco triste porque pensaba que al aceptar ese trabajo podría perder contacto con Herbert.

Aún con eso, me agradaba la idea de que el centro de labores quedase ubicado justo frente a su universidad. Ya me imaginaba almorzando juntos todas las tardes.

No tenía los ánimos y el local era ciertamente precario. Los restos de una casa acondicionados débilmente a oficinas, aún incompletas. Me hicieron esperar y en tanto, se me acercó un joven mayor que yo, él hablaba por los codos y repetía “Seguro Raúl se va a reír de mí cuando me vea”.

Por lo que pude entender, Raúl era el jefe de personal. El tipo que hablaba había trabajado en otra sede de esa empresa, luego renunció en busca de algo mejor, pero al no hallarlo estaba de nuevo regresando por otra oportunidad.

Me jodió que el tipo hable como un loro mientras yo estaba esperando y necesitaba tranquilidad. Él era un vendedor de verdad, no como yo que suelo ser más taciturno.

Cuando al fin pasamos, se trataba de una sala no muy grande. Había un círculo de chicos, algunos como de mi edad y otros no tanto. En el centro estaba un señor de terno dando indicaciones ¿Serían entrevistados también?

Pero no lo eran. Formaban un grupo que ya llevaba trabajando ahí un lapso de tiempo. No obstante, la dejadez de la empresa se evidenciaba en las cosas que decían:

“¿Cuándo han firmado contrato? ¿El 1ro, la quincena? Los que han firmado el 1ro nos vemos mañana, los de la quincena tenemos que decirle que ha habido un error de administración y que por tanto sus sueldos…”

Palabrerías. En cristiano era que iban a demorar el pago.

No me gustó. Una señorita nos condujo a mí, al loro y a otro chico más donde unas sillitas bastante cerca del círculo de trabajadores. No había nada que nos separe.

‘¿No iba a ser una entrevista personal?’

En fin, la chica habló algunas cosas básicas de la empresa a qué se dedicaba y etcéteras. Lo que me dio curiosidad es que el loro hablaba mejor que ella e incluso sabía más cosas de la empresa que ella. Realmente no sé de dónde habrían sacado a la tipa, pero era un espanto.

‘Ahora me acuerdo que cuando me llamaron también fueron muy mala gracias ¿Habrá sido esta chica?’

Ok. El horario no era muy lindo que digamos porque se cruzaba con mi adorado Taller de Acústica (Lunes) y para colmo tenía que pasar una “capacitación” de una semana cuyo pago estaba en el aire. Además de obtener un mínimo de 8 ventas para un mercado del cual existen como otras 20 empresas llamando a los mismos clientes, etc.

Todo eso podía ser soportable y solucionable, pero el mismo ambiente me intimidaba. ¿Cómo diantres decirle que su horario no me gusta en medio de tanto bullicio?

Bien. Igual tenía para pensarla, y eso estaba haciendo hasta que…

- A ver tú, véndeme un lapicero.
-¿Qué?
– Véndeme un lapicero.
-Pero ¿Cómo? Osea, ¿Así de frente?
– No lo sé, véndeme un lapicero.

‘¡Carajo! ¿Me ha llamado para hacer el ridículo o qué?’

Me quedé lelo unos segundos. Yo ciertamente había vendido lapiceros y muchos pero no de esa forma. En mi anterior trabajo tenía mi gabinete de ventas, mi mostrario y era feliz recomendando el mejor lapicero del mercado a los clientes.

- ¿Podría devolverme mi CV? Yo me voy.
– Ok.

Me pareció estúpido que tratasen de identificar mis “habilidades de venta” en esa forma. ¿O era la chica?, ¿O eran mis ánimos?… Por un lado los vendedores por teléfono suelen decir: “¿Se encuentra el Sr. Fulano? Estamos para recomendarle un novedoso producto…” Y eso no tiene nada que ver con la formulación hecha por la señorita.

Salí del edificio y me puse a escuchar “Tamashii no Rufuran”. Me pareció tan adecuada en ese momento. Feliz, porque no perdía aún mi tiempo libre y triste, porque me sentí rechazado.

‘Tan igual como me rechaza Herbert’

Su universidad estaba cerca… ¿Pero estaría él?… Era irónico saberse tan cerca y tan lejos…

‘A ti te gusta sufrir’

Quizás. Desde chico aprendí que sufrir era bueno. ¿Dios no dice eso acaso? Que enjugará las lágrimas a los angustiados en el otro mundo.

Pero lo único que buscaba de él y de todos era piedad.

No compasión. No lástima. Ambos no se dan porque te interese la persona, sino con razón de la tristeza.

Y yo quería que alguien, él se interese en mí.
Era estúpido saberlo. ¿Cómo diantres un chico puede interesarse así en otro? Pues, yo había buscado chistes para hacerle reír y alguna vez también pensaba en cómo acercarme a él… ¿Por qué nadie hacía lo mismo para mí?

Sólo veía eso en las películas. Y bueno, Jenny también lo había hecho, pero a mi no me gustan las chicas.

Después de caminar reflexionando en ello, resolví llamarlo… Aunque rogaba ilusamente que se apareciera de casualidad por ahí, eso talvez no era posible.

Y su celular no contestaba.

‘¿Para qué tienen celular si lo tienen apagado?’

No necesitaba más. Quizás Herbert si había conseguido su trabajo y su tiempo se reduciría a la nada. Lo cual significaba que lo perdería para siempre.

¿Cuántas relaciones humanas se mueren por ese motivo?

Regresa a mí por favor,
antes de que bajes a la tierra donde pasarás toda tu vida.
Regresa a mis brazos te lo pido,
para volvernos a ver,
Los milagros suceden, no importan las veces…
Son los versos del alma.

¿Y cuánto había perdido ya? ¿Y perder qué si él no se sentía “mío”?
Para que después no quede nadie, ni nada.

Y empecé a recordar. Que si fuera otro niño, otro adolescente, otra persona, todo me iría mejor. Fue como ver pasar una vez más todos los incidentes tristes de mi vida, como una película mental cuyo final pareciera ser trágico.

Yo quiero…’

Yo solo quería ser feliz’.

Quizás tenía muchas cosas, pero mi alma está marchitada, golpeada y sólo me quedé soñando con el día en cual haya una persona que me abrace tan fuerte y me diga “Yo por ti lucharé y me quedaré para siempre”, y en ese momento desplegar mis alas y vencer al mundo entero.

¿Qué tan difícil podía ser eso?
Todos tenían excusas. Su propia vida, sus propios temores muchas veces ínfimos al mío y aún sabiendo que yo podría dar todo por ellos primero preferían verme destruido…

Pero debía quererme, aunque no tenía sentido ni ganas de vivir, debía por los menos estimarme a mí mismo.

No obstante, nadie hacía eso o para colmo, quienes podían hacerlo no eran como yo quería… ¡Me gusta un solo tipo de persona y ya! ¿Por qué no puedo tener las cosas como yo quiero?

¿Por qué siempre tiene que haber una traba? ¿O un defecto?

Fui a mi universidad. Pasé directo a Pasantía a preguntar por un puesto. Me dijeron que ya se habían agotado. A esas alturas ya no sabía si alegrarme o entristecerme más.

Atender en la Universidad era algo que me gustaba y que podía hacer muy bien. Por eso algunos integrantes del personal me recordaban con cariño. Sin embargo, de momento no tenían vacantes.

‘Cerca de aquí también estuve con él’

Todo iba rondando en mi mente hasta que llegué al restaurant. Pedí y mientras comía me acordé de una reunión importante cuya hora ya se había pasado… ¡Rayos!

Bueno, era posible que hayan acordado algo bueno. Además no tenía ideas para el proyecto a debatirse en la reunión. De otro lado, aún podía recabar mi FUT para presentar solicitud de trabajo en la Facultad.

- ¡Aquí no se solicita FUT es en caja a la espalda!

‘¡Mierda! ¡Que yo sepa ésta es la ÚNICA caja, siempre lo ha sido!’

No quise discutir. ¿Ya para qué? La última vez que hice el trámite no me llamaron. De todas maneras, fui a la “espalda” y solo encontré oficinas cerradas.

Quizás me portaba como el zorro en el cuento de las uvas, pero mis ánimos eran tan fríos como el suelo deslucido de la universidad.

‘¿Por qué has tenido que sufrir tanto?’

Por favor, vuelve a mí
Siguiendo los recuerdos,
Donde por la gentileza mis sueños vienen,
Regresa para amarnos te lo ruego,
Mi cuerpo y el mar regresarán a su forma real…

Son los versos del alma.

“Estribillo”. Eso es lo que deseaba de Herbert. Conocer su alma y que conozca la mía. Que extienda el brazo hasta donde se encuentra mi verdadero yo y me permita vivir por él y él por mí…

No pensé en nada más hasta entrar en la clase. Se me ocurrió hallarlo en el Messenger, qué se yo. Pero nada.

Estando ya en mi asiento, el profesor se puso a contar algunos chistes, me alegraba por momentos y así como en medio de esa obnubilación me fui durmiendo un poco… Quizás también hizo con mi actitud un chiste… hubiera sido divertido.

Sin embargo, cuando desperté volvía de nuevo a la guerra… ¡A formar grupos!

‘¿Por qué aquí?’

Era un obvio que nadie me iba a llamar y no quería ir mendigando grupos con mi cara deprimida.

‘¿Pido o me largo, pido o me largo, pido o me largo?’
‘Me largo.’
‘Sea lo que sea, me importa un bledo que la presentación sea grupal.
Cargaré con todo y con todos.’

A lo lejos,Arren miraba con risa el que me haya quedado abandonado.

En esos pequeños segundos, el profesor preguntó: “¿Quién tiene laptop?” Porque la sala tecnológica carece de computadoras.

“Ok. Yo tengo”. Y levanté muy alto mi mano.

Luego salí del aula. Distinguí a Fabián asomando a la puerta en mi espalda… ¿Me iba a seguir acaso?

De ninguna manera. ¿Cómo el gran Fabián que había dejado mi grupo de Acústica se iba a humillar a seguirme para pedirme que integrase su grupo? No, no, no… Fabián sólo estaba en grupos “chic”, con la gente sociable.

No obstante, me pareció oír mi nombre… ‘¿Buscas una laptop eh? Pues, sufre un poco.’

Fabián se atrevió a correr hasta el pasadizo y me detuvo cerca del baño.

- ¿Qué fue tío, ya te vas?
-Eh no, sólo voy al baño
– ¿Tienes grupo de Ilustración?
-No.
– A mira pues, puedes estar en nuestro grupo de la base 01.

Me pareció un poco estúpida esa afirmación pero qué daba. ¿Tanto por una laptop?

-¿Y quienes están? Ya sé que está Arren.
– Pues, (Fulano, fulana, etc. Da igual los nombres, yo necesitaba un grupo y ellos una laptop)
-Ah, ok. Está bien.
– De acuerdo. Entonces ¿Regresas, verdad?
-Sí.

Quizás debí ser frío como él… Sé que me desprecia en el fondo, como la mayoría de mi Facultad, por desconocimiento, porque no somos compatibles, ¡Y es que estaba en la peor Facultad de la historia con la peor base de la historia!

Hasta eso me había tocado mal. Los chicos de la base 02 si eran unidos y las bases anteriores comentaban la exagerada discriminación en la base 01, pero nadie podía hacer algo al respecto, los jóvenes eran como eran: basuras con sus semejantes.

Días atrás, Fabián había preferido un grupo más “chic” buscando algo… ¡Qué se yo! ¿Notoriedad? ¿Puntaje?… Dando una excusa atontada con una sonrisa patéticamente irónica: “Chicos, no puedo estar con ustedes… mi horario no lo permite”

‘¿Nos crees idiotas? ¡Todos llevamos el MISMO horario!’
Y aún si tuviera una causa razonable, no debió aceptar nuestra propuesta primero para luego cambiarse de grupo. O por último dar una excusa más decente…

Porque realmente sonó con su cara “Me voy de su grupo de ustedes jajajaja”

¿O yo lo sentía así?

No importaba ya. Tenía un grupo. ¿Las cosas podían ser diferentes, no?

Lo que no saben es que vosotros no tocarán mi laptop. Y encima que no se las daré fácil.’ Intentaré por última vez llevarme bien con ustedes, porque mal que bien son de mi base y tengo que relacionarme necesariamente… No me defrauden.

Tu tampoco me defraudes, por favor.

 

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