La mejor suerte del mundo…

Fui con Herbert a caminar…
Me sigue gustando físicamente, aunque no puedo negar que es un poco extraño estar lejos de él.

Quizás él es así, aunque me es difícil comprenderlo.

Por momentos me parece como un pajarillo encerrado, como si fuera otro yo, por momentos me parece que él es tan abismal de mi persona…

Poco a poco trato de estudiarlo, de acercarme a él y resulta difícil.

Anteriormente había podido acercarme a él mediante el contacto físico, pero ahora no puedo hacer lo mismo. Yo mismo soy el impedimento de que ese enlace tenga éxito.

Si no eres completamente mío, no quiero nada.

¿Capricho? Tal vez.
Alguien dijo que eso era el amor.

Me sorprende que haya aceptado caminar cuando es lo último que le gusta hacer… ¿Habrá querido acercarse así a mí?

¿O sólo busca un amigo?
¿Para qué si él ya tiene muchos?

Conversa.
Yo respondo a sus palabras y él poco a poco a las mías. Suele suceder, sólo que esta vez es más lento.

Pero tenerlo tan lejos, sentirme tan solo. Saber que un día, unos minutos fuimos uno del otro, me crea una ansiedad.

Y quiero besarlo, abrazarlo desesperadamente…

¿Por qué rompí nuestra relación?

Porque nos hacíamos daño. Él seguía siendo él y yo le reclamaba su atención. Parecía tan lejano a la órbita de su mundo como en ese momento cuando caminamos y percibo que no entiende nada de lo que digo.

¿Cómo llamarnos “enamorados” entonces?

Igualmente él está lejano a mi mundo. Como todos antes de él. A pesar de que mi mundo sea un colapso de luces y tinieblas. Quizás por eso, por tanta confusión, es que al final nadie desea conocerme. Todos se aburren, todos se cansan, todos tienen su propia vida.

No hay esa pasión de las películas, no hay ese palpitar de “Hyoga”, no hay ese romanticismo estúpido e idealista del cual dicen todo lo vence.

Sólo quedamos dos humanos más en el mundo. Tan ajenos uno del otro como los demás. Y aún así, a pesar de que él decía quererme ¿Cómo saberlo cuando antes ya he sido engañado?

Cuando a la hora de la hora, la persona que dijo “amarme” me abandonó a mi suerte.

A Herbert no le importa eso. Él sólo vive para sus estudios. Cuánto quisiera vivir por él si él viviera por mí, pero ello es quizás una fugaz ilusión. Como el tiempo en cual estuvimos juntos.

Unos minutos, unas horas muy felices, por cierto.

Sabe dos idiomas. Lleva dos carreras: una técnica y una licenciatura. Que una persona estudie tanto debería parecerme normal. Pero Herbert no es normal. Nadie lo es… No comprendo su impulso de estudiar afanosamente… ¿La vida no es sólo estudiar, cierto?

Parece una lucha, pero estoy seguro de que Herbert no lucharía por mí. Para él, las cosas han sido relativamente sencillas siempre y ha logrado lo que ha querido.

Quizás ya obtuvo de mí lo que necesitaba y nada más…

¿Eso lo hace malo? ¿Qué tenga por prioridad estudiar y no al amor?
El problema son las acciones. Cuando huye de ellas.

¿Dónde estarás a la hora de la hora?
Para él, mi problema se solucionaría siguiéndoles la corriente a mis padres. Decir que soy hetero y repetir el círculo nuevamente. Como a sus amigos de clase les ha ido bien en esa estrategia, cree que a todos les resultará igual.

¿Pero entonces dónde está ese guerrero que debe venir hasta el Santuario a proclamar el amor?

“No me quieres”.

“Pero yo si te quiero a ti”. El problema es que no me conformo con los pocos minutos que te quedan para mí. No me conformo sabiendo que me abandonarás.

Pero tú no tienes otro esquema ¿O sí?

Pareciera aquello que me rumorearon una vez sobre los chicos de ciencias. Basta un minuto y ya.

Dicen de Gauss que mientras su esposa agonizaba fueron a su despacho a avisarle. El buen matemático respondió:

- Sí, si. Está bien, pero dígale que se espere un momento mientras termino de resolver este problema.

Pero aunque amarte significa aceptarte tal como eres, también significa que hagas lo mismo por mí. Ya no hay un tú o un yo. Hay entonces un nosotros.

¿No podrías desprenderte un poco de esos estudios?

Claro. Los estudios son para la vida y bla, bla, bla. Ya Sky me dejó por un jodido trabajo de guía turística ad honorem. Yo sólo soy un pasajero en sus vidas al que talvez no vale la pena integrar al carro.

Porque después de todo, así como no los conozco del todo. Ustedes aún siendo ganadores, pierden conmigo. (O me pierden)

Al que se quede hasta el final…

- ¿Puedo darte un abrazo?
-No… Mejor vamos avanzando.

Me regresó mi casaca. No me la devolvió envuelta y lavada como yo le devolví la suya. Estaba arrugada, sucia y maloliente.

¿Cómo puede ser que te quiera? ¿Realmente eres…?

Bien podría ser él un traidor. Pero por alguna razón, una parte mía lo anhelaba ansiosamente.

Acuso a su “normalidad”. A su sentimiento de que pareciera no faltarle nada. A su fortaleza defendida con dinero e introversión. Una gema brillante.

Yo sólo siento que me faltan cosas. Yo sólo siento que me falta él y aún así se da el lujo de rechazar un abrazo mío.

Para colmo del asunto me llama “inmaduro” y ¿Saben qué? Tiene razón. Inmaduro porque le pido un millón de afectos, por pedirle que sea mi sueño dorado, por quitarle su libertad.

Inmaduro por quererlo de alguna manera, por pedirle que me quiera tanto como yo a él.

Inmaduro porque para mí la vida es él. Y la vida no es una persona.

Regresé llorando.
Sólo divisé su espalda a lo lejos. Quería dormir… No puede pegar ojos porque debía ir a la universidad.

“Ayúdenme. Alguien ayúdeme”

Me imaginaba por un momento regresando a una cabina y pidiendo sexo pasajero, lo cual me daba asco. No obstante, su negativa me hirió y necesitaba reemplazar ese vacío con algo.

Me masturbé rápidamente y salí.

Llevaba una cara de espanto y ansiedad. ¿Por qué necesitar a alguien que no me quiere? ¿Para qué? ¿Por qué?
Es verdad que ahora éramos amigos, ¿Pero por qué me hirió entonces su rechazo?

No era solo quererlo porque no podía quererlo sin conocerlo, y no lo conocía bien. Era llenarme a mí mismo con él.

Eso era lo que me había dolido.
Ser rechazado.

Entonces, era verdad. Una parte mía, subconscientemente no se siente amado. No siente esa cosa llamada “amor”. Que no es más una sensación cálida e integral.

Pero esa sensación es muy antigua. No es parte de mi presente. Porque como adulto entiendo y comprendo que mis padres, mis hermanos, mis amigos me quieren, así no lo demuestren muchas veces.

Pero la ligación al pasado, la sombra de la misma me retiene en ese sentimiento.

Son pocas las veces en las cuales alguien dice que me quiere o que me necesita. O en cual alguien resalta mis cualidades. Quizás 1 de cada 1000 críticas destructivas.

Todos me reclaman.
¿Por qué no haces esto, por qué no haces el otro?

Antes era peor, me comparaban… El hijo de tal sale temprano a comprar el pan… Tus hermanos hacían esto…

Alguien decretó que la cruda realidad no merecía entonces punto de comparación desde otra perspectiva.

“No pues, no compares… ¿Cómo vas a comparar nuestra familia con otras?”

Yo solía pensar, ¿Cómo es posible de la persona que dice amarte puede hacerte tanto daño?
Eso nunca lo entendí.

Mis padres me reclamaban, yo les reclamaba a mis hermanos, pero al estar éstos ausentes pasaba el reclamo a mis amigos en forma de “te cuento mis problemas” y a mi enamorado en forma de “¡TE ORDENO QUE ME QUIERAS!”

Por eso, recién sólo con Seiya a mi lado me proponía destruir el mundo entero… Vencer hasta el final de su mano.

Solo no.

Yo soy egoísta. Yo si hubiera aceptado un mundo vacío. Donde sólo estemos yo y Seiya para siempre. Donde ya nadie pueda herirme y no hiera a nadie.

Donde no haya frontera entre las personas y vuelvan al mar original.

- Perdóname. Creo que estoy enfermo.
-¿De qué?
- No lo sé, pero no puedo… sentir… amor.

Y había buscado la respuesta en tantos sitios. La sabía profundamente, pero no había vuelto a tenerla hasta que Herbert rechazó mi abrazo.

Empero, nadie había dado la solución al problema. Mi solución hace mucho tiempo era Seiya, sólo había olvidado el motivo de su existencia en mis pensamientos. Otra solución era tomar pastillas antidepresivas eternamente. Dejar de pensar. ¿Otra solución? Pues, dedicarme de lleno a los estudios como Herbert, sólo que por mi personalidad, ésa solución no era viable, terminaría enloquecido.

Mientras el mundo no cambiase, yo siempre retornaría a lo mismo.
Una herida incurable. Un enfermo desahuciado.

- ¿Y si cambiases de lugar?

Me imaginaba entonces libre de la presión del hogar. Dormiría mucho tal vez, pero ya nadie me gritaría. No escucharía cuchicheos sobre mi persona nunca más. No más críticas. No más reclamos.

Quizás hasta me recibirían con más cariño.

Mi hermano había logrado eso, pero no lo había logrado solo. Su enamorada había estado con él. ¿Y quién estaba ahora conmigo?

¿Herbert no querrá pasar la vida conmigo o si?

Yo, ahora. Sin un centavo. Sin trabajo. Sin ubicación.

Era cierto también: Los ‘varones’ me rechazaron y yo los rechacé a ellos. Quizás por eso me apegué a los homosexuales. No tuve un “mejor amigo” varón, pero si una mejor amiga. Necesitaba tanto un amigo como yo, pero sólo sabía acercarme más a él de forma sexual. Salvo ligeras excepciones.

Iría una vez más a buscar otras respuestas. Quizás no. Pero ahora estaba decidido a largarme de mi casa, a largarme para regresar como visitante… Aún faltaban dos años de universidad y una independencia por delante difícil de sobrellevar en donde hacen falta los trabajos.

Aún donde nuestra cultura cree que la felicidad sólo se alcanza estando en pareja. Aún donde sobrepasan los límites del amor. Aún donde no hay más conceptos sobre alegría.

Pero debía intentarlo.

Sin Seiya.

 

 

 

One More Finale: Shine On

Oye… (…) ¿Leerás algún día esta carta?
No lo creo. Ninguno de tus predecesores prestaba atención a mis escritos… y a decir verdad, tú tampoco xD

Más quisiera escribirte por última vez y legarte algo más que pueda servirte… H, ¿Por qué estudias tanto eh? Deberías ya sentirte orgulloso de lo que eres y no sé, abrir tu corazón por la persona que ames. Sí, si ya sé que quise ser yo, pero parece que no es a mí a quien perteneces.

Pero eso no es lo primordial entre nosotros, porque en cuanto has salido vencedor frente a este mundo y portando las armas necesarias yo creo que puedes ser feliz.

Confío en que lo logres. No importa ya que yo pase lo que pase. Por favor, no desatiendas a tus verdaderos amigos como hiciste conmigo, quizás algún día los necesitarás. No seas tan adicto de tus “amigos” pasivos, ellos quizás no quieran acompañarte a la hora de hora.

Cada día que pasa te olvido un poco creo, olvido tu voz, tu sonrisa brillante, las pocas horas que estuvimos juntos, el aroma de tu ser, lo que significabas para mí, así no lo quisiera porque se desvanece en la distancia… y supongo que de esa manera este sentimiento regresará a donde vino, a resplandecer en el principio de todo. A un lugar incógnito que llamaré cielo.

Aún así, recuerda que yo te quise mucho y te soñé tanto como pude haberlo sentido. Perdona si me equivoqué al tratarte. Eres maravilloso, pero por favor… El firmamento ya está para ti…

Sonríe siempre, H.

Muchas felicidades para ti, de todo corazón, la mejor suerte del mundo.

Con estima,

Dukaryon.

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