200 días y años

Hoy he comprendido que los siguientes tiempos por venir serán tan difíciles como ahora.

Mi mundo ha terminado. Pero también ha terminado el mundo de mis predecesores, porque ya nada es igual.

¿Por qué las personas que se aman tienen que hacerse tanto daño?
¿Por qué no puedo estar con el chico que elija y ustedes alegrarse de mi felicidad?

Ha de ser por el mismo dolor que causa la verdad. Por la ignorancia de nuestros corazones.

Al final, en esta guerra de emociones espirituales nadie saldrá vencedor. Nadie brotará una sonrisa de triunfo, pero quizás si de resignación.

Ustedes me han dado mucho, pero es mi vida la que quiero vivir.

No hay otra manera.
Un día, sinceramente estaremos yo y mi compañero en nuestro propio hogar; porque sé que no podrá pisar formalmente la casa paterna.

Pero ese día, tendremos una nueva Casa y un nuevo principio, juntos.

Hasta entonces, pasará lo que el mundo ha contemplado: el día y la noche; las risas y lágrimas. Eso nunca se detendrá, aunque mi mayor alegría sea estar a su lado.

Somos humanos que sobrevivimos en este mundo imperfecto, pero en medio de tanta tristeza, aquello que soñamos nos lleva a lugares inimaginables como los secretos del espíritu y de la memoria.

Nos lleva a perdurar en el amor.

Nos lleva a la esperanza.

Me lleva a él.

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