Believe

En estos días he pensado muchas cosas sobre ti.

Sabes, aunque se haya desvanecido del presente, aún preservo sustancialmente del olvido ese aroma que desprendía tu casaca… La prenda que me acompañó durante tantas noches inciertas cuando te esperaba.

Ilógico es alcanzar comprender cómo el amor vacía la amistad. Porque en la medida de mi concentración más lejos capto el sentido para tu silencio.

Más en ello, ansío la respuesta para mi consuelo. Después de todo lo ocurrido, las señales son insuficientes ahora, como el quejido de una puerta ante una mano temblorosa.

En este presente cuento con mucho de lo que no pude brindarte. Lo suficiente para complacer a cualquier chico, irse de viaje o comer en sitios caros. No hay punto de comparación frente al pasado.

Nosotros, cuyos caminos se han dividido, innecesariamente sembramos sobre las sombras de los recuerdos… ¿Por qué se acabaron los momentos?

Érase una noche como tú y como yo. Dos hombres envueltos por sus propios cuerpos, arrogantes de las sábanas que nos sostenían.

Abstraigo el intervalo cuando decía… “Yo creo que me quieres un poquito

Y tú contestabas… “¿Un poquito? Te quiero más que eso, más que un poquito”

“Te quiero. Te Quiero. Te Quiero. Te Quiero.”

Y yo a ti.

Y lo repetías incesantemente, tanto que llegaba a creerlo. Y mientras más lo decías, más te llenaba de besos, como si ello bastara para amar.

 

 

Este viento que envanece la noche me trae de vuelta a otro lugar.

Las hojas secas de los árboles bajo nuestros pies, el pasto reseco en los zapatos. No nos conocíamos más allá de fotos y sonrisas.

Pero yo creía ver estrellas en los reflejos. Destellos en los retratos. Serían tal sobre estelas cuyos retazos se van desperdigando en el firmamento.

Me tildabas de silencioso mientras hablabas acerca de la música, de los bailes de antaño… ¡Yo que resentía a la historia!

Más no me hubiera importarme ser parte de ella mirándote por siempre, sostenido entre mis propios brazos en tu frente, en aquella mesa, en ese parque.

No me dejaste escribirte, me negaste el derecho de quererte, terminaste de introducir el puñal en mi espalda. La sonrisa se esfumó.

Cuánto te había visto engalanado e intrépido practicando cada paso a seguir, insostenible al saberte pusilánime.

Ese baile perdió la pista del ángel ensimismado.

No temías decir “te quiero” en plena calle, sin estorbo a los demás. Me pelaba el frío del clima, regocijándome en la calidez de tu presencia, al despedirme eran tales tus palabras…

- Pronto nos veremos, la he pasado bien. Te quiero mucho.

Donde nadie quería irse. Al pensar que me tenías para ti.

Y que te tenía para mí.

 

 

Quisiera volver a ese espacio donde no me escucha tu corazón.

A las horas que estábamos uno con el otro.

Grito por dentro y no oyes, escaseando el rocío de los ojos.

Incesantemente te aguardo así haya sepultado la neblina a las esperanzas inertes…

Yo te espero. Yo te quiero.

Coméntame!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s