La rojiza estrella del horizonte

Hercólubus es una estrella distante del Sol que pasará cerca de la Tierra a finales del año 2012. Desde el 2009 ha podido ser vista como un lucero de color rojo intenso brillando en el horizonte del firmamento unas horas antes del ocaso. A pesar de que algunos piensan que su tamaño es asombroso, quizás no sea mayor a Venus. Igualmente, los efectos sobre nuestro planeta son tales…

Registrado el efecto de su paso como una estrella antigua, causó el derrumbe de civilizaciones desaparecidas como el reino Atlante en Europa y Lemuria en Oceanía. El desastre causado dio origen a múltiples leyendas, revelándose que un día regresaria por la nueva humanidad.

Así como la gigante roja, el mundo de Hercólubus se ha parecido al destino de los vivientes en la Tierra.

Incinerados por la llama de la pasión, encendidos por los deseos. Se han de ocultar los últimos misterios que resguarda este mundo. Porque, poco a poco, sin el amor como la guía eterna, se acaban los sentidos. Sin fuerzas, disminuye la sensación, donde la oscuridad espera a tomarlo todo por la fuerza, sin detenerse por un sólo minuto…

¿La causa? La redención de los vivientes.

- Tengo miedo de que choque ese maldito planeta…

- No va a chocar, no te preocupes, no pasará nada…

- No te vayas…

 

Sabes, es la misma sensación. Porque conozco este momento, sé por donde vamos y de dónde hemos venido. A veces pienso que tú también te marcharás.

Empero, aunque a veces las cosas ya no me importan nada, pienso que mi corazón puede latir un poquito. Así, herido como está, llorando por un hecho que ya pasó y lo dejó así. Una calidez por un abrazo tuyo, por ese sentimiento que es y desaparece, por la actitud en el cariño.

Dices que sólo interesa vivir el momento, llenándome de palabras  románticas para disimular, apenas disimular…. ¡Que se quiebre el cristal de las apariencias!

La verdad es dura. La verdad es cruel.

 

 

Hyoga, perdóname por no haber sabido quererte. Perdóname por no hacerte daño.

Perdona a mi corazón que ha soñado tanto y del cual no sabes nada.

 

B., finalmente puedo dejarte ir. Aunque hace mucho que estamos separados físicamente, ya no queda nada.

No existe razón de qué paso. Sólo la realidad legada por mi mismo donde quedé sólo yo.

Te perdono. Ya no sé nada de tí, ni soy tuyo. Ni te retengo, ni te pienso. Ni nada.

 

 

El tiempo concluyó.

 

 

- ¿A dónde crees que huirás si igualmente seremos devorados por ese planeta?

- A donde podamos estar juntos para siempre.

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