El Color de los Ojos… [Tales Archive]

Artículo aparecido originalmente en mi desaparecida bitácora “Tales from Ourland”, el 24 de abril del 2011. La transcribo ahora para este blog. En este archivo subyace la pregunta ¿En qué se parece el movimiento LGTB a la Iglesia Católica?

 

El Color de los Ojos (Carta en tiempos de Pascua)

Por Daniel L. Dukaryon Valois.

CUANDO hablamos de la fe, de nuestra creencia en Dios, nos referimos a una energía que reside dentro de nosotros. En principio, aunque es libre decisión el seguir dicha creencia, el hombre tiene muchas maneras de llegar al camino correcto, el cual es único.

Tenemos por base al gran libro de Dios, la Biblia. Un importante documento que relata los orígenes de esta espiritualidad, del contacto entre un Dios amoroso y los humanos a través de la historia.

Dios nos legó leyes y normas, guió a un pueblo bajo aquellas reglas en un tiempo determinado y aún gran parte de esos estatutos sigue vigente en nuestros días.

Pero Dios también nos legó el raciocinio. Aquella habilidad para pensar, razonar, crear, entender y no seguir todas las cosas sin motivo. Dios quiso que los humanos tuvieran entendimiento.

Y nuestra razón nos ayuda también a comprender el accionar de Dios con su pueblo. No es solo el misticismo, la religiosidad lo que centra al cristianismo, sino de la misma manera es importante el intelecto.

Porque sólo a través de la deducción se podrá diferenciar entre lo que viene de Dios y lo que son errores humanos. Porque el pensamiento nos permite aclarar donde muchos conceptos son oscuros. Porque la perspicacia nos lleva a actuar de acuerdo a los tiempos y espacios en los cuales vivimos.

En este mundo donde distintas personas creen tener la verdad e incluso llevan títulos de “ministros de dios”, “Pontífice”, “representante de Cristo”, y se contradicen entre sí para además no ser consecuentes con sus hechos… ¿A quién creerle?

Aquellos que nos llaman egoístas por causa de buscar nuestra propia verdad, son los que conducen el verdadero egoísmo de no admitir la existencia de un camino diferente al suyo para llegar a Dios. Y pues, hay que recordar el mensaje de Jesús: Dios está en todas partes.

Pero también, si buscamos un camino, debemos tener resultados. No sólo criticar y criticar, sino construir, enseñar.

Nadie está exento de errores. Ya podemos ver como de cuando en cuando detrás de las cúpulas cerradas de las iglesias “cristianas” se descubren atrocidades, crímenes, violaciones, corrupción. Tal como ellos, al dejarse llevar por lo mundano hacen mal a su propia organización, la susodicha “cultura gay” al mostrar su propia decadencia arrastra de por sí a casi todos los homosexuales. Y en ambos casos, no significa que el cristianismo sea malo, corrupto ó que un homosexual sea afeminado y/o promiscuo.

La sexualidad es un tema muy difícil para el mundo de hoy. Cosas que recién comenzamos a avizorar. Que existan tantas variantes de las relaciones humanas afecta nuestro punto de vista como sociedad, pero refleja también la intrínseca personalidad de cada humano.

Hay personas que sinceramente sienten su sexualidad orientada y hallan en ella su felicidad plena. Eso es algo que no se les puede negar, porque si se mantiene en lo correcto, si guarda pureza, también viene de parte de Dios.

Y debo decirlo entonces, que si bien hay esa realidad, también es factible afirmar que la homosexualidad, para quien no la vive de forma correcta ni dentro de los mandamientos de Dios ni dentro de la consciencia del intelecto, es una perversión.

En tal sentido, no todos son llamados a todo. Muchas de las personas que mantienen relaciones sexuales con alguien de su mismo sexo buscando el único fin del placer pierden el verdadero camino de su sexualidad.

De que esos extremos existan, es un hecho. Pero igualmente, hay aquel que confía en Dios tratando de seguir sus reglas, y tomando control de sus propios sentidos, logra rescatar su propia humanidad.

Alejándose así de la bestialidad de revolcarse con uno y con otro, cosa que no sólo es realizada por homosexuales, sino también por heterosexuales.

Porque, si algo hemos entendido de la Biblia es que la sexualidad implica amor. Y el amor aleja el pecado. Y ése amor nos conduce a la senda de Dios.

Por este motivo es también importante un conocimiento de nosotros mismo, la aceptación de nuestras virtudes y la capacidad de afrontar nuestros defectos. Nadie debería lanzarse a algo para lo cual no está preparado, ni siquiera por el simple y absurdo hecho de “experimentar”.

Es entonces que debemos descubrir también el amor por nosotros mismos.

Cuando caemos en cuenta de estas lecciones, Dios nos llama a la reflexión, nos muestra el camino entre la confusión del mundo y hallamos tranquilidad para nuestro espíritu.

El amor es la virtud más valiosa que Dios nos haya otorgado. Ése amor es el verdadero maestro cuando se llega a encontrarlo. El amor nos eleva a ser mejores, no a ser víctimas de las personas que amamos. Nos enseña a tolerar, pero no a ser usados. Nos enseña que el mundo puede ser mejor en un mañana, nos llena de la esperanza en aquel Dios que prometió regresar por nosotros… Nos motiva a fundirnos en su apacibilidad para dar nuestros propios valores a nuestros semejantes…

Y eso, no se muestra participando en corsos callejeros que son dignos de repudio en vez de tolerancia. No se refleja en discotecas oscuras donde la dignidad se pierde. No se halla en bares y discos donde manda la discordia del placer.

No existe donde hay líderes corrompidos en sus propios principios.

Pues tal, acierto al decir que impera una equivalencia de comparación entre muchas iglesias cristianas y la “cultura gay”, donde ni uno ni otro escapan del abismo. Lugares y organismos putrefactos en cuales no podemos hallar preceptos que nos ayuden a ser humanos, sino por el contrario.

Los tentáculos de esa deformidad se gestan a la misma manera que lo hiciera el poder eclesiástico del pasado: con dinero. Muchachos que se ofrecen por dinero y señores que ofrecen lujos a esos muchachos. Donde todo se paga con la fría moneda… ¿Podrá surgir amor? Por no enfrentar el esfuerzo, el dinero conseguido por la vía fácil nos deshumaniza.

La oscuridad se aprovecha se esas debilidades. En cualquier lugar. Así como vemos la opulencia del Vaticano, la exagerada riqueza de otras “iglesias” y la depravación de los que compran y venden cuerpos.

Todo está interconectado de alguna manera. Mas en medio de esa neblina, con la ayuda de Dios podemos guiarnos a una ruta iluminada por la razón y la verdad.

Porque así como hay una red de oscurantismo, hay una red invisible de fidelidad, de fraternidad. De personas que ven el mundo con otros ojos.

Pues bien… ¿Cómo ven el mundo los nuestros?

    

Coméntame!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s