Luis

Luis.

(Y esta es la primera y última vez que digo tu verdadero nombre) Desde hace unos días puedo observar como tus pasos se van marchando…

A diferencia de otras despedidas, la sensación que tengo es muy inusual.

Hoy, cuando ya no he tenido consciencia que has marchado, no estoy triste. Por el contrario, me produce alegría saber que rediriges tu destino.

Aunque nunca comprendas y conozcas el sentimiento que había nacido en mi corazón hacia tu persona, quizás no requiero solamente tu perdón frente al silencio, a la sonrisa abierta que siempre nos brindaste a todos.

Tú reinspiraste mis sueños una vez más, los que apagué antes por mi suerte. En tus ojos encontré de nuevo la luz para ubicarme en el mundo. Dejé de llorar nuevamente cuando te veía reír y mi respiración se contenía aceleradamente tras tu espalda.  

Sólo hemos sido compañeros de trabajo y es lo que siempre recordaremos. No hay otro milagro más grande que te pueda brindar, a pesar de lo frío que me haya mostrado, sin más que decirte cuánta estima te he tenido.

Pensar que por una sola decisión terminamos en lugares diferentes dentro del mismo mundo. Quizás lo pienso como un signo. Hoy sé que fue lo acertado. Porque aunque renuncias ahora a este trabajo, vas a un lugar mejor para tu futuro.

En este tiempo que ha sido tuyo, te he visto desafiarte en zonas desconocidas, irrumpiendo airosamente donde yo me creía perdido. Has demostrado por qué mi ser te eligió recordándote de algún otro tiempo. La razón reside en la energía divina que, como verdadero humano, posees.

Hoy que tu corazón se aparta físicamente, siento que mi calidez te ha de seguir para desearte un buen porvenir. No me entristezco sabiendo que has y sigues siendo el chico sonriente todos los días que han sido y vendrán.

Tal vez en aquel desprendimiento misterioso radique lo que llamo la verdadera esencia del amor, a través de cual, estoy contento por tus logros. Quererte a simple vista, es más sencillo de esta manera, porque un ente alejado sólo pudiera haberte producido errores. A tu elección, los sueños míos no son suficientes para cuatro paredes.

En mi camino que no ha sido el tuyo, porque tienes marcado un lugar definido en esta senda, despertaste un resplandor oculto en mi ser. Como el vacío de palabras entre nosotros y las cosas sin decir, me quedo solemnemente con tu rostro grabado, con el único abrazo de Año Nuevo que te pedí y correspondiste.

 

 

Tú eres y serás la Duodécima Letra esperada eternamente.

 

A donde marchen tus pasos, ahí sabrás que tienes un lugar reservado en mi alma. Allí donde ya no alcanzan los sentidos del firmamento.

Como un paso fugaz y sincero, mi deseo perdura en tu legado. Lo mejor de este mundo forma parte de ti.

 

Hasta el día en cual nos volvamos a encontrar.

 

Daniel.

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